Su cinematográfico escape del centro de rehabilitación
de menores de Trujillo atrajo los reflectores de toda la prensa nacional. ‘Gringasho’,
el presunto sicario de 17 años, había fugado espectacularmente de la ex
Floresta, en medio de disparos y su paradero era un misterio para las
autoridades. Mientras tanto, los diarios populares alimentaban la leyenda del
menor con cara de niño al que se le atribuían varios asesinatos a sangre fría.
Y quizá el tristemente célebre delincuente juvenil hubiera seguido gozando de
su libertad, si no fuera por las fuerzas indomables del amor. El muchacho, no
dudó un instante en viajar a Lima para reencontrarse con Jazmín Marquina Cáceres,
una guapa estudiante universitaria con la que mantenía una relación sentimental.
domingo, 3 de junio de 2012
domingo, 22 de enero de 2012
El demiurgo del humor en la Lima de los setentas
A Hugo Villasís Suárez lo 'vi' por primera vez descansando sobre una mesa junto a otros autores en una improvisada ‘feria del libro’, ubicada frente al coliseo Gran Chimú. Su nombre, escrito en caprichosas letras de molde, aparecía casi al borde de un libro color lúcuma en la que destacaba la figura típica de un callejón limeño de un solo caño: una sexy morena tendiendo la ropa, mientras su novio, un moreno fornido con pinta de faite, la resguardaba de brazos cruzados, ante la entusiasta mirada de un vivo del barrio.
domingo, 1 de enero de 2012
“Yo nunca he sido amigo del colegio"
Francisco San Martín Baldwin –‘Paco’ para los amigos– es un ingeniero que estudió en Austria. Amigo de la ecología y enemigo de los grandes capitales, apoya a diversos sectores a través de una ONG.
–¿Cuál es el recuerdo más feliz que tienes de tu niñez?
–Creo que son los paseos que hacíamos los domingos con mi papá. Él era un hombre que le encantaba salir a la sierra, teníamos un carro con el que viajábamos mucho. Un año, incluso nos fuimos a vivir a Colombia.
–¡¿A Colombia?!
–Sí, fui cuando tenía cinco o seis años.
–¿Y qué hacían allá?
–Mi padre era médico y trabajaba para un organismo de las Naciones Unidas, lo destacaron allá durante un año y medio. Nos fuimos a vivir a Medellín, fue una experiencia linda, recuerdo que los niños colombianos me preguntaban dónde había aprendido a hablar castellano (risas).
–¿En serio?
–Claro, es que un niño de seis años que escucha a otro que habla un tono distinto piensa “este tipo no ha aprendido bien el español”. (risas)
–¿Y cómo fue tu experiencia escolar?
–Nosotros íbamos a un colegio muy lindo, que estaba en afuera de Medellín, en el campo, y era un método muy libre, muy libre..
–Era un método peripatético…
–Sí, sí, era un método muy libre porque tú tenías un pedazo de terreno y allí aprendías cómo las plantas iban evolucionando, sembrando la semilla y con un poco de agua.
–O sea que era una escuela medio ecológica…
–Sí, era una escuela abierta, te enseñaban muchas cosas, por ejemplo, yo hasta ahora sé hacer títeres…
–¿Y te enamoraste de alguna niñita colombiana?
–Nooo, eso no recuerdo (risas).
Etiquetas:
entrevista,
personajes,
peru,
trujillo
miércoles, 14 de diciembre de 2011
“La única vocación que tengo es la de ser feliz"
Eduardo González Viaña vino volando desde Estados Unidos, pero casi no aterriza en Trujillo por una conjura entre el clima nublado y la falta de gasolina.
–Eduardo, si mal no estoy enterado, tú te inicias muy joven en el mundo del periodismo…
–Claro, era cuando los periódicos, incluida La Industria, se hacían con linotipo y planchas de plomo. Yo, en La Unión de Pacasmayo, cuando tenía once años, era corrector de pruebas…
–¿¡A los once años eras corrector de pruebas!?
–(Risas) Sí, era de esos niños adelantados…
–¿Y qué te decía la gente mayor que trabajaba contigo?
–El director del periódico era gran amigo de mi papá y notó que tenía buena ortografía. Luego descubrí que La Unión de Pacasmayo era un periódico que se hacía como a principios del siglo XX, con correspondencias; llegaban cartas de todos los distritos de la provincia.
–O sea que tú sabías la vida y milagros de todo el valle…
–(Risas) Yo alteraba las cartas y entonces el corresponsal de Chepén se quejó porque resultaba que el cerro de esa localidad había aparecido una cosa milagrosa, entonces el director me dijo: “Eduardo, usted no debe ser sólo periodista, usted debe ser escritor” (risas).
Etiquetas:
cultura,
entrevista,
escritores,
gonzalez viaña,
peru,
trujillo
“La dulcería es la mejor herencia de mi abuela"
Olga Cachi Sánchez es la propietaria de la actual dulcería ‘Doña Carmen’, de la octava cuadra del jirón San Martín. Su local ha endulzado los paladares de varias generaciones de trujillanos.
–Cuénteme, doña Olga, sé que la tradición familiar de los postres la inició su abuela en 1925…
–Desde antes de 1925 ya mi abuela tenía su pequeño negocio. Empezó con unas cuantas mesitas y luego, cuando ya tuvo bastante acogida, pensó en poner más sillas en su casa, porque aquí era la casa de ella.
–¡O sea que aquí siempre funcionó Doña Carmen!
–Sí, desde antes de 1925 atendemos en el mismo local.
–¿Y eso es una tradición para usted?
–Claro, pues, es una tradición y la mejor herencia que nos ha podido dejar mi abuela. Cuando fallece mi abuela, mi madre entra a administrar la tienda.
Etiquetas:
entrevista,
personajes,
peru,
trujillo,
turismo
domingo, 23 de octubre de 2011
“Demarco fue como un padre para mí"
Alfredo Valle Paredes tiene más de 50 años atendiendo en un conocido café del jirón Pizarro. Tiene una energía envidiable, pero asegura que este año se retira del oficio.
–¿Cuántos años viene trabajando aquí en el Demarco, don Alfredo?
–Cincuenta y cuatro años cumplidos, y me voy por los 55.
–¿Y nunca se ha aburrido de hacer siempre la misma rutina?
–No, hasta ahorita no me aburro por nada. A usted mismo le consta que cuando yo los atiendo, ¿cómo los atiendo? (risas).
–Muy bien.
–Ni hablar, ¿no?
–¿Y cuál es el secreto?
–Bueno, el secreto es tener voluntad y cariño al trabajo. Me gusta mucho lo que hago.
–¿Cuántos años tenía cuando empezó a trabajar aquí?
–Tenía 18 años.
Etiquetas:
demarco,
entrevista,
personajes,
peru,
trujillo,
turismo
viernes, 21 de octubre de 2011
“Mi padre fue mi guía y mi confesor"
Luisa Astudillo González ha cumplido 25 años al frente del grupo folclórico ‘Trujillo Mío’. Nunca cobró un sol. Su amor por la danza la ha llevado a Francia y Alemania. Y piensa seguir en la brega.
–Dónde y cuándo nació, y cómo recuerda su infancia.
–Nací en Trujillo, en 1941. Mi infancia fue muy feliz, mi adolescencia y juventud, también.
–¿Y allí aprende parte del folclore peruano?
–Aunque le parezca mentira, yo aprendí solita.
–¡¿Solita?!
–Solita, frente a un espejo. (risas) Como a mí me gustaban los programas criollos, yo miraba minuciosamente los pasos, llegaba a mi casa, me encerraba en mi dormitorio y comenzaba a imitar los movimientos que había visto. Y después preguntaba sobre las danzas, de dónde venían, es decir, me iba informando.
–¿Y luego?
–Cuando ya fui a Lima, yo estudié Educación Física en San Marcos, entonces llevábamos un curso de folclore, y la persona que me enseñaba era Carlota Villasante, ella me tomó una prueba, y yo bailé Marinera. “Oye, bailas muy bien”, me dijo. “Yo te enseño la Marinera limeña”. Me becó con Rosa Elvira Figueroa y ahí estudié un ciclo, criollo; un ciclo, andina y el último casi, era negro.
–O sea que el folclore negro lo aprendió después de la parte criolla.
–Sí, sí, ¡porque acá no había! Mis padres me contaban que bailaban, que zapateaban, pero yo pensaba que eso ya no existía, y cuando fui a Lima y lo encontré, y me prendí de eso.
Etiquetas:
cultura,
entrevista,
Luisa Astudillo,
trujillo,
turismo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

