domingo, 22 de enero de 2012

El demiurgo del humor en la Lima de los setentas



A  Hugo Villasís Suárez lo 'vi' por primera vez descansando sobre una mesa junto a otros autores en una improvisada ‘feria del libro’, ubicada frente al coliseo Gran Chimú. Su nombre, escrito en caprichosas letras de molde, aparecía casi al borde de un libro color lúcuma en la que destacaba la figura típica de un callejón limeño de un solo caño: una sexy morena tendiendo la ropa, mientras su novio, un moreno fornido con pinta de faite, la resguardaba de brazos cruzados, ante la entusiasta mirada de un vivo del  barrio.

Confieso que no sabía nada del autor, pero me llamó  la atención el título de la obra -Una Lima que se pasa-, su look setentero (siempre he tenido debilidad por las revistas y libros antiguos) y un inexplicable llamado interior que me decía “cómpralo”. Y lo hice. Casi por impulso, compré el libro del periodista, no sin antes haber hojeado sus páginas y comprobado que se trataba de un texto de humor costumbrista, anclado en la Lima de los 70’s. Esa Lima regida por el gobierno militar de Velasco, la de los zapatos Makarios y pantalones campana, la de la gris mediocridad de una urbe que empezaba a ser desbordada por la migración andina y la de una clase intelectual ‘progresista’, pero con una visión miserabilista de la vida.

Desde entonces, a pesar de haber saboreado el libro varias veces, no dejo de darle una mirada casi todos los días, pues encuentro en él una interesante fuente de información sociológica, histórica y especialmente, lingüística.  Eso,  para no hablar del humor pícaro y desenfadado que destila cada una de sus páginas. Es que Hugo Villasís fue un hombre de prensa forjado en el desaparecido Última Hora, el legendario vespertino que llegó a su fin a mediados de los años 80. El periódico que gracias a sus ingeniosos titulares escritos en jerga alcanzó su cúspide en los años 60, bajo la dirección del excéntrico Raúl Villarán Pasquel. Allí, en ese laboratorio de redactores que martillaban sus Remington al compás de las masas populares, se fue nutriendo Villasís. Dicen que era uno de los mejores ‘tituleros’ (encargados de colocar títulos a las notas periodísticas), pero su talento se hacía visible al público lector en su columna del mismo nombre que el libro que nos ocupa, donde bajo el seudónimo de Zaka Pyka, retrataba a los personajes de esa Lima criollona, en vías de extinción.
Quizá su vocación por rescatar esa “Lima sandunguera, a la Lima sabrosa, a la Lima que se pasa”,  como él mismo confiesa en el prólogo, se deba a que el autor nació a la espalda de la iglesia de San Francisco, en los Barrios Altos. Imagino  que allí el periodista fue testigo privilegiado (y tal vez partícipe) de escenas donde salía a relucir la tipología de un criollismo decadente, pero aún en pie, como un viejo balcón colonial que se resiste a caer.
El objetivo de su libro era, como él explica en el proemio de la obra, era, obviamente, entretener, pero también invocar a la nostalgia de los tiempos idos:
Este libro lleno de sabor costumbrista, chispa, picardía y quimba limeña , está dirigido a los ‘patas’ de la ‘collera’ del barrio,  con el propósito de brindarles distracción, evocación y momentos alegres.
De hecho, Villasís, echando mano del lenguaje coloquial y otros modismos, describe con prosa ágil y amena, las diferentes situaciones y personajes que serían reconocidos rápidamente por los lectores de su tiempo. Términos como vento (dinero), langoy (sobrantes de comida que los dueños de los chifas solían dar a los menesterosos), Segundo Cuarto (carceleta de la comisaría), achiote (oro) o párcero (amigo) son totalmente irreconocibles para las últimas generaciones. Sin embargo, hay jergas que han sobrevivido a la mutación inevitable del idioma: pata, bacán, choro, chévere, al toque, sapo, chamba y otros más.
Valioso humor gráfico
Pero más allá del costumbrismo que aflora en la superficie del libro, Una Lima que se pasa es también valioso por el humor gráfico que está desplegado a lo largo de sus páginas. Desfilan allí caricaturistas como Julio Fairle (creador de ‘Sampietri’), Luis Baltazar (padre de la coqueta y huachafa ‘Chabuca’), Mario Moreno, Cayo Pinto, Carlos Rosse y muchos más.
Finalmente, hay una serie de poemas festivos que en los que el autor pondera a personajes de la época como ‘Cachito’ Ramírez o Augusto Ferrando, mientras que en otros versos ironiza sobre algunos oficios y estampas del tiempo que le tocó vivir.
Aunque es muy poco conocido por la gran mayoría de lectores, Una Lima que se pasa es un libro indispensable dentro de la historia del humor en el Perú. Un texto que debe figurar obligatoriamente en cualquier antología sobre ese arte tan difícil que es hacer reír.
Y para mí, una joyita que guardo con celo en un pequeño altar de mi biblioteca.

5 comentarios:

  1. Excelente publicacion, te felicito y agradezco,... mi padre Hugo Villasis, tuvo 6 hijos y todos, de alguna u otra forma, tenemos algo de el ...ya les copie a todos el link y no dejan de elogiar tu trabajo y reconocimiento a nuestro padre.
    Hugo R. Villasis

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Hugo. La verdad es que abandone este blog por un tiempo y hoy me veo con esta grata sorpresa. Mis respetos a tu padre, a quien admiro. Hay un colega de La Industria, Miguel Patino,que fue su discipulo en Ultima Hora y me hablo muy bien. Ojala puedas darme tu mail.
    Saludos,
    LFQ

    ResponderEliminar
  3. Hoy encontré un libro , Una Lima que Se Pasa, ... muy bueno

    ResponderEliminar
  4. Estoy buscando ese libro... Lo leí 3 veces pero quiero leerlo de nuevo!!

    ResponderEliminar
  5. Leí el libro x primera vez en los 80 aprox, luego lo encontré en Quilca con Camaná el 2019, y allí lo tengo bien guardado, excelente y me hace reír, abrazos

    ResponderEliminar